
Aparentemente podría pensarse que, nuevamente, las ideologías que marcaron el siglo XX resurgían con fuerza entre, al menos, una parte de la juventud. Pero si observamos con mayor cuidado el fenómeno, vemos que no es tanto así. La mayoría de los jóvenes que se adhieren a grupos radicales lo hacen como un modo de afirmar una identidad y un sentido de pertenencia de grupo. El desinterés por la política real es común a ambos grupos. A “fachas” y a “progres” les gusta disponer de la misma absoluta libertad y disfrutar al máximo. Esta dicotomía tiene más que ver con el naufragio de unos adolescentes acechados por la inestabilidad emocional, la inseguridad, la dependencia de los fetiches, el aburrimiento que les provoca la vida adulta y el miedo al futuro.
Eso sí, a diferencia de otros europeos, gustan de las manifestaciones en las calles. Ideal sería si, además, hay un poquito de fondo y de compromiso efectivo.
Publicado en el Diario ABC el 16 de Diciembre de 2007