
Cambiar esta dinámica no puede limitarse a campañas publicitarias y dejar en manos de los padres el futuro de la salud de nuestra infancia. Los poderes públicos deben intervenir pues la prevención de la salud es prioritaria. El consumo de frutas y verduras debe introducirse obligatoriamente en las escuelas y hospitales. Y este consumo debe ir derivando a productos ecológicos, pues como ha demostrado María Dolores Raigón, profesora de la UPV, los alimentos ecológicos son más sanos y saludables porque contienen más concentración de vitaminas y minerales y sabores más aromáticos frente a los alimentos cultivados químicamente que sufren una desnaturalización progresiva que hace peligrar la salud de los consumidores, con pérdida generalizada de vitaminas y minerales y que concentran mayores dosis de nitratos, más contenido en agua y menor contenido en materia seca.
Por ello, resulta incongruente que a nuestros enfermos y a nuestros niños no se les proporcione en los centros públicos alimentos ecológicos.