
Ya hay quien se adelanta advirtiendo que nada cambiará, o que los resortes del poder del Imperio son tales que imposibilitan cambios significativos, que la figura del presidente de los EE.UU. se encuentra con importantes limitaciones políticas, que los cambios que pudieran registrarse requerirán su tiempo, etc. En fin, que empieza a cundir una especie de fatalismo o relativismo sobre las posibilidades de que EE.UU. cambie su política en la proporción que las esperanzas situaban.
Obama debe afrontar su compromiso con sus nacionales y satisfacer las inquietudes internacionales. Afronta grandes problemas en su país, inmerso en una grave crisis económica, y una herencia repudiada, la de Bush, el cual ha ejercido hasta el último momento sin considerar que la voluntad democrática de sus conciudadanos rechazaban su política.
El cierra de Guantánamo, la retirada de Irak, la reorientación de la presencia en Afganistán, Oriente Próximo, etc, son solo acciones puntuales e inmediatas que se esperan, pero lo importante es registrar si EE.UU. se asentará sobre el modelo multilateral que Obama ha venido defendiendo. En este esquema está por ver si EE.UU se compromete más con el cambio climático y con la justicia internacional.
Publicado en el Diario ABC el 19 de Enero de 2009