
A Aznar, la victoria de 1996 lo elevó a la categoría de deidad infalible pero la derrota de 2004, lejos de dejarlo sobre la tierra, lo ha mantenido en los cielos. Desde tal altura pontifica, adoctrina y anatemiza. Lo mismo flagela a los eternos enemigos de España que a sus propios herederos, unos incapaces que malbaratan el patrimonio que él, con tanta generosidad y grandeza, les transmitió.
Aznar reivindica su obra como todo ex con ganas insatisfechas y advierte de la situación in extremis que vive nuestro país desde que él dejara las riendas del gobierno de la nación. Ni come, ni deja comer. Felipe González andaba preocupado por constituir un jarrón chino, a Aznar no le preocupa ni siquiera ser la “ciudad prohibida”.
Es evidente que Aznar no ayuda a la nueva dirección del PP y a su líder, Rajoy, pero es que parece empeñado en perjudicarles con tal de seguir siendo el protagonista del conservadurismo hispano. No en balde se ha encastillado en la dirección de la FAES, actual reserva espiritual de occidente, para seguir custodiando las esencias ideológicas de la derecha.
Publicado en el Diario ABC el 26 de enero de 2009